Indican las cifras oficiales, aunque con válidos cuestionamientos, que algunos hogares han superado la franja del ingreso mínimo, no obstante que cientos de miles de personas siguen enfrentando una precariedad de suyo estructural, lo que no debería ser, toda vez que es claro y clave será que como país tengamos una clase media que rebase con diferencia a quienes viven aún en línea de pobreza, lo que nos dará pie para adentrarnos con propiedad en lo que significa y traduce el éxito social, por lo que interesa procurar para el país, con rigor manifiesto, que lo cual se haga realidad.
Y si bien no contamos entre nosotros con una definición oficial y consensuada de clase media, tenemos que decir que la pobreza en el país no se reduce únicamente al nivel de ingreso, dado que incorpora carencias en educación, salud, vivienda, seguridad social y alimentación, enfoque bajo el cual, aunque algunos hogares han superado el umbral a que nos hemos referido, existe precariedad, ya que tener un ingreso ligeramente superior a la línea de pobreza no equivale, necesariamente, a pertenecer a una clase media sólida y estable.
El crecimiento de la clase media en Colombia durante los últimos años ha sido más estadístico que real, debido en buena medida a que la reducción de la pobreza se explica por transferencias directas del Estado, no por la generación sostenida de empleos formales bien remunerados. No ha crecido nuestra economía como debería; y los programas sociales, si es cierto que alivian condiciones inmediatas, no construyen, ni constituyen per se, trayectorias de movilidad social. Una clase media legítima, auténtica tiene que ver en contexto de definiciones con ingresos estables, acceso a créditos, seguridad social, posibilidad de ahorro y expectativas de progreso y no solo por la recepción periódica de apoyos públicos.
Nuestro todo económico plantea dudas, el crecimiento económico es apenas modesto, la inversión privada muestra altibajos, el empleo formal no ha crecido para absorber a la población en edad productiva, escenario que no da para afirmar que estemos afianzando una base significativa de clase media, cuando amplios sectores viven al día, sin redes de protección frente a enfermedades, pérdidas de empleo o crisis económica, lo que nos debe llevar a centrarnos en construir una clase media robusta y duradera, lo que impone fortalecer educación, productividad, inversión, empleo formal, trabajo y el acceso efectivo a servicios públicos de calidad; tareas que requieren de buenos resultados. Sin tales elementos, el riesgo es confundir una mejora coyuntural en los ingresos con un cambio estructural que, en los hechos, aún está lejos de materializarse, interesando en consecuencia trabajar con ahínco en dicha dirección, en la certeza que alcanzaremos sin duda superiores niveles de desarrollo, progreso, bienestar y prosperidad.








