La Nación más consumidora voluntaria de cannabis y cocaína en el mundo descertifica al gobierno del presidente Gustavo Petro, dictado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, considerando a Colombia el mayor cultivador y productor de coca, ofertada a los consumidores de la citada Nación americana, pagando cualquier precio en compra de los productos narcóticos para entonar y despertar creaciones y activaciones cotidianas y específicas de trabajo, estudios y recreaciones.
La descertificación tiene un valor sintético, utilizado por gobernantes de EE. UU. para condicionar, intimidar, castigar, someter o solventar recursos económicos bajo dominio y obediencia en cumplimientos de órdenes expedidas. ¡Chantajes!
Es imposible tapar el Sol con las manos, ni es de buen gusto victimizarse para acusar responsabilidades cuando están comprometidos en hechos relevantes y notorios, inocultables, que los delata y aún así, hipócritamente niegan la realidad y culpan a otros en aras de justificar manipulaciones y evasiones de lo que le afectan y pretenden ignorarlo, amenazando con sanciones de diferentes calibres, no obstante, estar implícitos en responsabilidad y complicidad innegables, pero caprichosamente se la atribuye a Colombia, para descertificarla.
Estados Unidos persigue de manera extraterritorial el narcotráfico, terrorismo y la corrupción. De manera contradictoria lidera el mayor mercadeo de consumo internacional, relacionado con marihuana y cocaína, comercializadas por carteles y agencias fantasmas, intocables e invisibles, que recaudan millonadas de dólares en ventas secretas, cuyos recursos económicos se lavan y legalizan en los centros financieros y paraísos fiscales.
En cuanto a terrorismo, no le queda nada bien a EE. UU. atribuirle a otros término de terrorista, cuando los antecedentes históricos y hechos presentes registrados lo ubican como la nación más terrorista del mundo, por las producciones y comercializaciones de armas. De igual forma, por las invasiones e intervenciones armadas, de manera directa e indirecta, llevadas a cabo irrespetando las autonomías de otras naciones e imponiéndose por la fuerza de armas, utilizadas en amenazas, ejecuciones, asesinatos y toda clase de violaciones, vejámenes, torturas y humillaciones generadoras de horrores.
Lo que está ocurriendo en la Franja de Gaza, azotada sin piedad e inmisericordia por el Estado de Israel, apoyada por Estado Unidos, materializando el genocidio de palestino, es peor que el dejado por Adolfo Hitler en persecución de los judíos en Alemania, Polonia y otras naciones europeas, siendo los antiguos víctimas, hoy protagonistas (judíos), autores de más de 200 mil víctimas palestinas, entre heridos y muertos, incluidos unos 50 mil niños. Otras múltiples familias que superan un millón de habitantes palestinos desalojados y dejados a la intemperie, despatriadas, padeciendo de un territorio pacifico, hambruna, descontroles emocionales y variados tipos de enfermedades, sin ningún amparo de la ONU, que lo estabilice, frenando la actitud bárbara y criminal, del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, apoyado y protegido por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Si estas circunstancias no son terroristas, ¿Qué será?
La corrupción está implícitas en conductas terroristas, en manejos administrativos, diplomáticos, bélicos y comerciales de diferentes formas, medios y acciones que permitan participar en condición de patrocinador, cómplice u encubridor de hechos ilegales e ilícitos que comprometan. También es corrupción utilizar rehenes, en calidad de testigos negociando rebajas de penas, si señala el acusando o sindicando a determinadas personas insinuadas.
Inducen a servidores institucionales, proporcionando dinero para utilizarlo en espionajes e informantes. También proveyendo armamentos para desestabilizar Estados y tumbar gobiernos con beneficios, protección y solvencias económicas, halagando contraprestaciones de servicios. También impera la corrupción en el tráficos de influencias e interese, que operan en administraciones públicas y poderes ejecutivo y judicial.
Asombro y críticas ha generado la descertificación del presidente de Estado Unido, Donald Trump, a Colombia, por causa de narcotráfico, patrocinado con el consumo de EE. UU, y naciones europeas, sobre las cuales nada ocurre para ponerle fin, erradicando el comercio, con descendimiento voluntario de consumidores.
- UU. debe demostrar ejemplaridad interna y externa en erradicaciones de narcotráfico, producción y uso de armas de fuego, conjuntamente con manejos dudosos y torcidos implícitos en corrupción y violaciones de disposiciones legales. ¿Con que fundamento y moralidad descertifica Donald Trump al Gobierno de Gustavo Petro, originada de un gobierno ejercido por un delincuente presidente que no gobierna, sino que comercializa y somete con el imperio de armas y bloqueos de fuentes financieras?
¿Quiénes son los encargados de vender y distribuir el negocio de cocaína al por mayor y detal al interior de Estados Unidos? La cocaína no es un virus, ni bacteria u hongo que contamina. Ni está esparcida en el aire, es un producto narcótico que se mercadea de manera sigilosa, moderada y en líneas clientelistas. Se oferta con variados precios en diferentes Estados, donde se consumen toneladas diarias, destacándose, viciosos ejecutivos de clases altas y media, mayores consumidores de ‘perico’.
Antes de descertificar a Colombia por cultivo, producción, tráfico y comercio; primero debe resolver su problema interno y no buscar el ahogado río arriba. ¿Sin demanda de cocaína en naciones consumidoras, cómo prosperarían los cultivos y producción de narcóticos? ¿Por qué descertifican a Colombia, una nación víctima del flagelo? ¿Por condiciones de interés político?
La guerra es contra la cocaína, porque el cannabis va rumbo a legalización. Es una temeridad que ha generado la conformación de organizaciones delictivas, en cantidades de bandas, carteles, clanes y mafias que se enfrentan a sangre y fuego sin temer a muertes, ni extradiciones, ni a las autoridades encargadas de controlarlas, generándoles la guerra, fuente de jugosas ganancias para sostener ejércitos privados al margen de la ley, adquiriendo armamentos y sobornando autoridades corruptas.
Más de medio siglo luchando en guerra contra la droga y nada que acaban con ella. De empecinarse y obstinarse en continuidad de lucha estéril. Es como pretender llenar un tanque de agua sin fondo, al menos de que se trate de una estrategia de EE. UU. para manejar hacia futuro, también el monopolio del comercio de marihuana y cocaína en el mundo, sustituyendo el desuso del petróleo, que está monopolizado.







