A solo 8 días del Foro Mundial sobre Migración y Desarrollo, cuya sede es La Guajira, pero con epicentro en la ciudad de Riohacha, vivimos bajo un clima de tensiones debido a los graves brotes de inseguridad que se han agudizado, pero que hasta el momento, no se ha reaccionado para frenarlo y garantizar un espacio de tranquilidad a nuestra comunidad.
Nos quedamos esperando el famoso Consejo de Seguridad con la presencia del ministro de la Defensa Nacional. No se ha podido cumplir, pero los grupos armados han ampliado su radio de acción en zonas estratégicas como Uribia, donde se encuentra el Cabo de la Vela, sitio que indiscutiblemente será visitado por muchas personas que llegan a La Guajira en el marco del Foro.
Durante una rueda de prensa convocada por el alcalde Genaro Redondo Choles, se notó la ausencia del Gobierno departamental, quien, como es lógico, debe hacer parte del componente organizacional de un evento que atañe no solo al Distrito capital, sino a todo el territorio departamental.
Tras los anuncios hechos por parte del alcalde y su equipo de colaboradores queda la sensación que todo está listo, pero si se analizan a fondo algunos temas, como la seguridad, nos cuelga un péndulo luego de los hechos lamentables en Uribia, en donde asesinaron a un abogado adscrito con los ministerios del Interior y Minas; secuestraron a dos comerciantes, uno ya regresó, y el otro, una mujer comerciante, aún se encuentra atrapada por la red que la sacó de su negocio.
Son temas que se salen del resorte Distrital, competen al Departamento, pero también comprometen al Estado central. Por eso la necesidad de que se evalúen los temas de inseguridad antes del evento global.
Hoy, a ocho días de la llegada masiva de participantes, no sabemos si los medios internacionales mostrarán lo esplendoroso del paisaje natural de la península, o narrarán los efectos de una inseguridad que galopa libremente sobre la región y mantiene bajo las sombras del miedo a nuestras comunidades étnicas y al resto de la población.
Lo anterior no se puede soslayar. Son hechos reales, latentes, que gracias a Dios son inferiores a los ataques y la guerra que se libra en otras regiones colombianas, pero que nos indican que estamos sobre el filo de una navaja muy peligrosa a la cual no se le brinda atención.
Sabemos que se proyecta montar dispositivos colectivos de seguridad para cuidar a las delegaciones internacionales, las comunidades locales quieren que tomen controles sobre el Departamento, cuyo diagnóstico por el flagelo de la inseguridad no es el mejor.
Entendemos que la inseguridad no es un fenómeno exclusivo de este Departamento, pero proporcionalmente los niveles que registra esta hermosa región son alarmantes, ad portas de un certamen de tanta importancia mundial.