Colombia amaneció este viernes 22 de agosto con un nuevo episodio de terror. A las 3:00 de la madrugada, un artefacto explosivo estalló en el barrio San Isidro…
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Colombia amaneció este viernes 22 de agosto con un nuevo episodio de terror. A las 3:00 de la madrugada, un artefacto explosivo estalló en el barrio San Isidro de Florencia, Caquetá, a escasos metros de la Alcaldía municipal, en medio de una escalada violenta que en menos de 24 horas ya había golpeado a Cali y Amalfi, Antioquia, con un saldo de 18 muertos y más de 70 heridos.
El estallido, que estremeció puertas y ventanas de las viviendas cercanas, no dejó víctimas fatales ni heridos, aunque sí daños materiales. De inmediato, la Policía y el Ejército acordonaron la zona y desplegaron equipos antiexplosivos para descartar la presencia de otros artefactos en el sector.
Las primeras indagaciones apuntan a que el ataque estaría relacionado con extorsiones a comerciantes, una práctica que se ha convertido en una de las principales fuentes de intimidación de las estructuras armadas ilegales que operan en el Caquetá.

Desde el Gobierno, el presidente Gustavo Petro advirtió que el EMC, la Segunda Marquetalia y el Clan del Golfo «serán declarados organizaciones terroristas», al tiempo que se evalúa la posibilidad de decretar el estado de conmoción interior para enfrentar la creciente crisis de orden público.
La sucesión de atentados en menos de un día ha encendido las alarmas a nivel nacional. En Florencia, los habitantes del barrio San Isidro manifestaron su temor por la reactivación de la violencia y la amenaza de un control armado que busca imponerse a través del miedo.
Las autoridades investigan si este atentado en Caquetá guarda conexión directa con las acciones violentas ocurridas en Cali y Amalfi, en lo que ya se perfila como una ofensiva criminal de alcance nacional.