En la ‘Tierra de Nadie’, un punto de encuentro en donde dos países hermano, Colombia y Venezuela, manejan una zona sin restricciones aduaneras, migratorias y políticas, volverá a…
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En la ‘Tierra de Nadie’, un punto de encuentro en donde dos países hermano, Colombia y Venezuela, manejan una zona sin restricciones aduaneras, migratorias y políticas, volverá a ser el sitio de oraciones para pedir a Dios por la paz y la reconciliación territorial.
En este sitio identificados por la C, de Colombia y la V, de Venezuela, se cumplirá mañana 1 de mayo, Día del Trabajador, la Séptima Eucaristía Binacional, un acto religioso que nació para unir a los dos países, en momentos en que las relaciones de Bogotá y Caracas, atravesaban por el peor momento, en donde incluso, se rumoraba de militarización de los casi 2.219 kilómetros que dividen a las dos naciones hermanas.
En 2017, dos sacerdotes, Adolfo del Portillo, colombiano, quien estaba encargado de la entonces capilla de Santa Marta en Paraguachón, junto con el padre Alberto Quinto Quintero de Venezuela, tuvieron esa iniciativa buscando mantener la unidad de la frontera, pese a las diferencias que se manejaban en los fríos despachos de las capitales.
Desde esa época nace la Eucaristía Binacional, en donde se unen todos los feligreses, para orar a Dios, por la paz y la tranquilidad de ambas regiones.
Este año serán las Diócesis de Riohacha y la de Maracaibo las encargadas de estar al frente de todos los actos litúrgicos y luego de los eventos culturales, rituales de las comunidades, que tendrán como escenario natural la ‘Tierra de Nadie’.
Lamentablemente la zona fronteriza entre Colombia y Venezuela, sector Paraguachón – Paraguaipoa, cada día está más deprimida y debilitada, debido a la serie de medidas que se han dispuesto en nuestro país para ampliar toda la dinámica fronteriza por Norte de Santander, permitiendo que Cúcuta y San Antonio, tengan un mayor desarrollo.
Toda la carga terrestre que se manejaba entre Valencia, Maracay, Maracaibo, hacia Santa Marta, Barranquilla, Cartagena y Valledupar, ahora debe hacer un mayor recorrido, debido a las restricciones aduaneras establecidas por los gobiernos que afectan a los industriales de la zona del Caribe en ambos territorios.
La caída de Maicao como puerto seco, y el surgimiento de Coro como Puerto Libre, impide que los vecinos lleguen masivamente de compras a este territorio, tal y como ocurría entre los 70 y los años 90.
Ahora, es una frontera sin dinámica económica, insegura, con pocas posibilidades de desarrollo y un comercio frenado por las normas aduaneras con el Zulia, lo que ha conllevado a un proceso de empobrecimiento, que repercute seriamente en los aumentos de la pobreza monetaria que se siente en las dos regiones.
Así como la iglesia centra su fe en este tipo de eucaristías binacionales, sería bueno, que la clase política y los gobiernos territoriales, activen plenamente el paso fronterizo de Paraguachón, como oportunidad para generar empleos en esta región.