Estados Unidos decidió suspender su ayuda militar a Ucrania tras un encuentro en la Casa Blanca entre el presidente Donald Trump y su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski. Según fuentes oficiales, Trump criticó a Zelenski por no mostrar suficiente gratitud por el respaldo de Washington en el conflicto contra Rusia.
Un alto funcionario de la Casa Blanca, que habló bajo condición de anonimato, explicó que la decisión responde a una revisión de la estrategia estadounidense en la región. “El presidente Trump ha dejado claro que está centrado en la paz. Necesitamos que nuestros socios también se comprometan con ese objetivo”, afirmó.
La medida generó fuertes reacciones en el Congreso de EE.UU., especialmente entre los demócratas. La senadora Jeanne Shaheen, del Comité de Relaciones Exteriores, advirtió sobre las posibles consecuencias: “Al congelar la ayuda militar a Ucrania, el presidente Trump ha abierto la puerta de par en par para que Putin aumente su violenta agresión contra ucranianos inocentes. Las repercusiones serán devastadoras”.
Desde Europa, el gobierno de Polonia expresó su preocupación por la falta de consulta con los aliados de la OTAN antes de tomar la decisión. Pawel Wronski, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores polaco, calificó la medida como “muy grave” y criticó la falta de coordinación con los países que apoyan a Ucrania.
Desde Moscú, el Kremlin reaccionó con cautela pero con optimismo ante la noticia. El portavoz Dmitri Peskov afirmó que si la suspensión se mantiene, podría ser “la mejor contribución a la causa de la paz” en la región. “Estados Unidos ha sido el principal proveedor de esta guerra hasta ahora. Si suspende sus suministros, el escenario puede cambiar significativamente”, aseguró.
Peskov también destacó los comentarios de Trump sobre su deseo de alcanzar la paz en Ucrania y dijo que Rusia seguirá observando cómo evoluciona la situación en los próximos días.
Esta decisión marca un punto de inflexión en la postura de Estados Unidos frente al conflicto, con implicaciones que podrían alterar el equilibrio de poder en la región y la respuesta de sus aliados en la OTAN.








