Desde mi triste y dolorosa crónica sobre la muerte de mi hermano, cada semana me enfrenté al fenómeno terrorífico de la página en blanco, sin que una sola palabra quisiera plasmarse.
Al rato renunciaba y le decía a José Ramiro: sácame de esta edición, no conecto con algún tema. Nunca me había pasado, supongo que eso es lo que significa luto, que la tristeza y el dolor lo anulan todo.
La gente le llama luto a vestirse de negro, no escuchar música, no cantarla a viva voz (supongo que en la mente la cantan), no bailar, no reír, no sonreír siquiera, no ven la tele y más cosas que digo yo, son extremas. Con mi hermano Armando, es el dolor más grande que he vivido por la muerte de un ser querido. No me he quiero vestir de colores vibrantes, que tanto me gustan, solo quiero vestir de blanco en todos sus tonos (leche, madre perla, marfil, hueso, blancox), pero oigo música, lloro, canto, lloro. Cada domingo en la iglesia, usted me ve danzar y gozarme la alabanza. Lloro, río, lloro, veo Netflix, lloro, trabajo, lloro, vivo y lloro. Es normal, estoy sacando el dolor del alma y el alma casi siempre se limpia llorando, porque soltar y sanar duele.
Mi luto personal, creo que ha sido no escribir, porque disfruto tanto escribir que mi alma no estaba para esos deleites, cuando se estaba deleitando en el dolor, lo cual es bueno, a mi juicio, porque si hay que sacar el dolor, que duela lo mas intenso que tenga que doler y que se vaya.
Desde el 2 de septiembre mi pluma palideció, se entristeció. No hubo poder humano que la hiciera escribir, se negó rotundamente. Ya pasará: le dije a mi amiga la escritora que habita en mí. Llegará el momento en el que algo suceda, que la estremezca y despierte del letargo que causa la tristeza. Y sucedió…
Analizando en mi mente por quién sería mi voto a la Alcaldía, me decía: con Jose nos une un afecto político, nacimos juntos al mundo electoral cuando nos lanzamos al Concejo y sacamos los dos primeros lugares en número de votos, siendo Jose concejal y yo no, por no alcanzar mi partido, el umbral. Además, mis afectos por ‘Beto’, el especial cariño que nos tenemos con Antenor. Genaro: buena gente, buen médico, familia de mis tías, amigo de mi esposo. Pero ambos rodeados por la clase política que nos ha llevado al desastre total, por más buenas intenciones que tengan. Ya sabemos a lo que obligan los compromisos politiqueros.
Dije: No. ‘Beto’, mi amigo y cuasi primo, es primo de mis hermanos Campo González, los hermanos de mi hermana Pastora, los hijos de Ety González, que es de esas madres que Dios me ha regalado en la vida, un hombre preparado y con esencia humana que viene de abajo y se ha forjado a pulso. Lo conozco, lo aprecio bastante; independiente, con un solo amarre, pero conveniente, para la gestión. Lo tenía definido: votaría por ‘Beto’. No sé si las inhabilidades, las encuestas o los dos han llevado a muchos politiqueros a salirse de sus toldas y pasar al árbol frondoso de ‘Beto’.
Para Beto eso es bueno, pero para Riohacha no… ya veo el presupuesto hecho torta de chocolate y a cada quien peleando, exigiendo su pedazo y si no les cumple, le buscan o le fabrican la caída y pa’ fuera. #Yata’bueno! No quiero más de eso.
Por más de un mes, desde que vi su valla a la salida hacia Santa Marta, había un pensamiento recurrente en mi mente: “Quiero conocer a Juana Cordero”. Con los últimos acontecimientos políticos, ese pensamiento empezó a comportarse como un asunto no resuelto, como una necesidad que cobraba urgencia. Así que, el miércoles pasado, viniendo de trabajar, vi la valla y sentí el impulso de colocar en mi estado de WhatsApp: ¿Quién me presenta a Juana Cordero? Al instante, mi amigo Carlos ‘Pipily’ me mandó el contacto. Le escribí, y cuadramos vernos al día siguiente. Invité a mi familia a escucharla. Ahí estábamos, oyendo a una mujer sencilla, genuina, clara en sus pensamientos de dignidad y compromiso para Riohacha, firme en sus convicciones de rescatar, restaurar y engrandecer a Riohacha, tanto como lo merecemos todos; firme en su propósito de tener poder para servirnos y generar transformaciones profundas en la mentalidad que nos ha implantado más de 30 años de corrupción.
Corrupción que nos ha llevado a conformarnos con lo anormal, desarrollando una cultura derrotista, que en medio de la desesperanza empezó a normalizar lo indigno, lo deplorable, lo inhumano. Empezamos a decir “peor es nada”, al hecho de recibir el servicio de agua un día a la semana o dos si tenemos la suerte de estar más al centro; al ver el mal estado de las instituciones educativas del Distrito, como si nuestros hijos y maestros no merecieran disfrutar de espacios limpios, estéticos, dotados; al comprar en un mercado que incumple con las mínimas normas de higiene y sanidad, como si fuéramos humanos de tercera categoría. ¿A caso existen?
Nos acostumbramos a decir “Estamos en Riohacha” cuando vemos calles llenas de huecos o sin pavimentar, la basura regada en las calles, gente construyendo donde y como le parezca, sin planeamiento urbano, niños usados para inspirar lástima y explotarlos económicamente, mientras otros mueren de hambre en las comunidades indígenas, vías públicas atiborradas de mercancía, por los vendedores ambulantes que se rebuscan la vida para sus familias porque no hay una infraestructura que los organice y los dignifique; parques que se remodelan, las misma calles pavimentadas una y otra vez, en cada gobierno, solo para y sacar dinero, mientras hay sectores que no tienen un parque y menos calles pavimentadas.
La lista es interminable, pero lo peor que ha hecho la corrupción es que nos ha llevado a desarrollar una mentalidad de pobreza, de escasez, de mendicidad. Creemos que no merecemos más que las migajas que nos tiran, como si nos hicieran un favor, como si no tuviéramos derecho, como si no fuéramos dignos de lo mejor, tal como Dios lo estableció.
Me revelo a esa mentalidad, me opongo a permitir otros más de 30 años de corrupción, además de robarse nuestro dinero, nuestras obras, nuestra educación, nuestra salud, nuestros servicios públicos; nos roben también,la ilusión, los sueños de grandeza, la dignidad, la esperanza de vivir como lo que somos: Hijos De Dios, nuestro Padre que nos dio todo para que vivamos como merecemos. Es necesario sacudir nuestras mentes como dice Romanos 12:2 “No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta”.
Escucho a Juana, leo su propuesta y me siento interpretada, representada, ella está inconforme, yo estoy inconforme, la mayoría estamos inconformes… pero no hacemos nada. Tal vez decimos: “y yo qué puedo hacer, ellos tienen el poder”. ¡No. No es verdad! Ellos tienen el poder que nosotros le damos al elegirlos, ¡El poder es nuestro! Tenemos el poder de seguir eligiendo a los mismos de siempre o ser coherentes y usar ese poder para elegir a alguien que no tenga que repartir nuestro presupuesto, que es ¡Nuestro! y lo pueda invertir en grandes obras y profundas transformaciones. Tenemos en nuestras manos una oportunidad única, que posiblemente no se repita: ¡Es ahora! O quizás, sea nunca. ¡Somos la mayoría! Podemos ahora sí, de verdad, cambiar la historia de Riohacha, con Juana, una mujer preparada, con experiencia administrativa, emprendedora, lista para gobernar lo público con temple y carácter. Una mujer libre de compromisos politiqueros, una mujer que está limpia, sin antecedentes judiciales, que va a terminar el período y podrá cumplir con su programa de gobierno. Una mujer joven, madre, que sueña con abrirle espacio y oportunidades a la juventud, a la adolescencia, a la niñez. Una mujer con temor de Dios en su corazón, con principios de moral y valores.
Una mujer atrevida, valiente, aguerrida, que quiere arrebatarle Riohacha a los corruptos y hacerla grande. Una mujer que nos necesita a todos los que, como ella, queremos rescatar a Riohacha. Necesitamos voluntades de hombres y mujeres sin importar la edad, enarbolemos todos la bandera de Juana porque es la bandera nuestra, la bandera del respeto, la dignidad y el compromiso por nuestra amada Riohacha. ¡Es urgente, Riohacha nos necesita!
Por todo lo que encarna, porque puedo ver lo bueno que es para Riohacha, porque quiero que mis hijos y sus hijos, y los hijos de sus hijos recuperen la grandeza y dignidad humana con la que fuimos diseñados por Dios, porque me representa, porque nos merecemos una alcaldesa de su talante… y porque ella es una fuerza poderosa que me sacudió tan fuerte que me impulsó a escribir en medio de la tristeza. #YoVotoxJuana








