La marihuana, según la OMS, es una sustancia psicoactiva, y el cannabis, para esta misma organización mundial “es la droga ilícita más usada, más cultivada y traficada en el mundo”. Una sustancia psicoactiva es un compuesto que actúa sobre el sistema nervioso generando alteraciones en las funciones que regulan pensamientos, emociones y el comportamiento.
No obstante, en los últimos años el cannabis y/o la marihuana en nuestro país ha ido dando pasos agigantados y ganando espacios para su legalización definitiva, comenzando por la dosis personal desde el año 1986, con la Ley 30 de 1986, por la cual se adopta el Estatuto Nacional de Estupefacientes y se dictan otras disposiciones. Estableciendo en esta disposición que la dosis permitida para uso personal es la cantidad de estupefacientes que una persona porta o conserva para su propio consumo. Y más adelante, en el literal j, del artículo segundo, se dice que es dosis para uso personal la cantidad de marihuana que no exceda de veinte (20) gramos; y se aclara que no es dosis para uso personal, el estupefaciente que la persona lleve consigo, cuando tenga como fin su distribución o venta, cualquiera que sea su cantidad.
En aquellas épocas del uribismo y siendo presidente el doctor Álvaro Uribe Vélez, existía una amplia restricción para la comercialización y producción a gran escala de la marihuana o cannabis en nuestro país, recuerdo luego que el Gobierno del presidente doctor Juan Manuel Santos dio un paso adelante para su legalización expidiendo el decreto 613 de 2017 que reglamentó el uso de la marihuana con fines medicinales y científicos.
Estos avances en la materia han suscitado diversidad de posturas a favor y en contra del uso de la marihuana, pues de un lado están quienes defienden su legalización plena y absoluta, y de otro, con quien comparto postura, tenemos nuestras reservas al respecto. Como consecuencia de lo anterior, vemos que la semana pasada en la plenaria de la Cámara de Representantes, con 98 votos a favor (eran necesarios 95) y 57 en contra, los Honorables Representantes aprobaron, en sexto debate -de ocho necesarios-, autorizar la compra, venta, distribución y comercialización de la marihuana y sus derivados para uso exclusivo de los adultos, es decir, ampliando el espectro hasta el momento permitido.
Lo aprobado la semana pasada (en sexto debate) en términos legislativos, tiene que ver con el trámite de una iniciativa que propone reformar la Constitución Política de Colombia frente a las restricciones que existen para la marihuana y/o cannabis, al respecto, las posturas como la de la HS María José Pizarro, quien defiende la legalización de su uso recreativo con sustento en que las políticas antidrogas que prohíben su consumo han fracasado en el intento, además de la pérdida de esfuerzos que no han podido acabar con la presencia de grupos criminales, ni de los daños que causan el narcotráfico y las consecuencias delictivas que de éste se derivan.
También se encuentran las posturas expresadas en sintonía con lo dicho por el autor y ponente del proyecto HR Juan Carlos Losada Vargas del Partido Liberal, las cuales, defienden la legalización de la marihuana del uso adulto en razón a la existencia de un derecho a consumir, cultivar y en consecuencia, vender una sustancia que viene siendo legal desde hace tiempo, así como aquellas otras posturas que le apuestan a la regulación del negocio por parte del Estado para que se encargue del monopolio de este tipo de sustancias en igualdad de condiciones a lo sucedido en el pasado con las bebidas alcohólicas y el tabaco.
Desde la otra orilla, se encuentran las voces que difieren de lo discutido y aprobado hasta el momento por la Cámara de Representantes, como las expresadas por los miembros de los partidos Conservador, el HS Carlos Andrés Trujillo, HR Juana Carolina Londoño, para quienes la legalización del uso de la marihuana amenaza la juventud, ya que se promueve el consumo generalizado y sin control de este tipo de sustancias, las cuales, generan adicción y en consecuencia, todo tipo de perjuicios. En el mismo sentido, se encuentran posturas como la expresada por el papa Francisco, quien en reiteradas ocasiones ha rechazado la legalización de las drogas blandas, como es el caso se la marihuana, y demás ha expresado que la legalización de la marihuana es cuestionable desde el punto de vista legislativo, ya que no tiene ningún efecto positivo.
Personalmente, veo con preocupación el panorama en torno a la eliminación de las restricciones a la fecha existentes a la marihuana, en especial respecto de su compra, venta y consumo, ya que nuestro país históricamente golpeado por la violencia y el narcotráfico, necesita más esfuerzos que se concentren en brindar herramientas para la prevención de la drogadicción en jóvenes, para evitar que en un escenario de legalidad total se creen nuevos consumidores, se desintegren familias, se pierdan oportunidades y proyectos de vida y se creen nuevos escenarios de violencia; de modo que se puedan tener convicciones sólidas para que las nuevas generaciones eviten caer en la tentación del consumo recreativo “para experimentar”.
Lo anterior, a propósito del estudio publicado en 2022 por el Ministerio de Justicia y del Derecho sobre la mortalidad asociada al consumo de sustancias psicoactivas durante el periodo 2013-2020, en donde se reportó que el consumo de marihuana es la tercera causa de muerte de este tipo en Colombia, luego de las muertes por consumo de alcohol y cocaína que ocupan el primero y segundo lugar respectivamente.
En otros términos, de llegar a aprobarse la iniciativa luego de los dos debates restantes en el Senado de la República -que tiene como plazo máximo para aprobarlo el 20 de julio próximo y si no se archiva-, los mayores de 18 años en Colombia podrán: comprar, vender, distribuir y comercializar; y por supuesto consumir marihuana libremente y sin ninguna restricción. Se las dejo ahí.