El secuestro de Lyan, un niño de 11 años en Jamundí, Valle del Cauca, ha generado consternación nacional, especialmente luego de que se confirmara que el menor no era el objetivo inicial del rapto. Según las autoridades, el plagio fue cometido por hombres armados y encapuchados, presuntamente integrantes de las disidencias de las Farc, quienes irrumpieron en su vivienda con fines extorsivos, buscando inicialmente al padrastro del menor.
La Policía Metropolitana de Cali detalló que, al no encontrar al adulto en el inmueble, los delincuentes decidieron llevarse al niño, que se encontraba en compañía de una empleada doméstica, mientras otros familiares lograban huir. Posteriormente, la Iglesia Católica reveló que las disidencias admitieron haber cometido un error al secuestrar al niño, quien no era su objetivo.
El hecho ha movilizado a toda la comunidad jamundeña. Estudiantes, líderes sociales, autoridades y representantes de iglesias han organizado marchas, vigilias y jornadas de oración exigiendo la pronta liberación de Lyan y el respeto por la vida e integridad de los menores de edad.
Actualmente, una comisión humanitaria conformada por la Cruz Roja Internacional, la OEA y la ONU adelanta gestiones para lograr el regreso del niño a su hogar. Mientras tanto, la familia de Lyan vive momentos de angustia y su madre ha visto afectada su salud por la incertidumbre.
El Alto Comisionado para la Paz expresó su rechazo contundente al secuestro, mientras que las autoridades intensifican las operaciones en la zona alta de Jamundí para dar con los responsables, entre ellos alias ‘Oso Yogi’, señalado como autor intelectual del crimen. La sociedad colombiana se mantiene firme en su clamor por la liberación inmediata del menor.