De bicitaxista al segundo hombre más veloz del mundo, la inspiradora historia de Anthony Zambrano

Anthony Zambrano nació en Maicao hace 21 años, pero al año y medio su mamá se lo llevó para Barranquilla.

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Desde que se convirtió en el segundo hombre más veloz del mundo, el maicaero Anthony Zambrano, ha sido uno de los deportistas más asediados por la prensa nacional, donde ha narrado orgulloso su historia de vida, sus inicios y cómo pasó de ser un humilde bicitaxista y ayudante de construcción a uno de los atletas más importantes de Colombia.

El joven guajiro consiguió ganar la medalla de plata en la prueba final de los 400 metros en el mundial de atletismo que recién concluyó en Doha, Catar.

El colombiano registró un tiempo de 44:15 en la prueba definitiva y se ubicó por detrás de Steven Gardiner, corredor de Bahamas.

Anthony José Zambrano nació en Maicao hace 21 años, pero al año y medio de edad su mamá Miladis decidió partir hacia Barranquilla a buscar un mejor futuro.

En el año 2014 llegó al programa Talentos del Atletismo de donde saltó más tarde a la Selección Colombia. En el 2016, luego de su sexto puesto en el Mundial Sub-20 de Polonia no volvió a entrenar ni a competir. Fue separado del programa de Talentos y entró en crisis.

Poco tiempo después se supo que Zambrano se fue para Quito (Ecuador) a buscar nuevos rumbos, al lado de Nelson Gutiérrez, un cotizado entrenador a quien le debe en gran parte la plata en Catar.

Pero la historia de Anthony se remonta a su infancia y adolescencia en la Institución Educativa Distrital María Cano, en Barranquilla, donde fue descubierto por su profesor de Educación Física Wilson Castro, quien le enseñó lo poco que conocía sobre esta disciplina.

En entrevista con La W Radio, Anthony manifestó que cuando era niño nunca se había inclinado por esta disciplina que hoy lo tiene gozando de las mieles del triunfo y de la fama. Confiesa que no sabía que corría ni que tenía el talento para eso, pero fue en su colegio donde vieron las habilidades que tenía para las carreras atléticas iniciando un largo y duro camino hasta llegar a las pistas profesionales.

“Mi madre se esforzó demasiado, porque a mi papá me lo mataron, ella siempre fue mamá y papá hacía muchos esfuerzos para conseguir la comida, para mis estudios para mi entreno, ella trabajaba de 6:00 a.m a 10:00 p.m, iba a 2 casas de familia”, reiteró el medallista.

Gracias a su papel en el Mundial de Doha, Anthony se convirtió en una de las cartas de Colombia para conseguir medalla en los Juegos Olímpicos 2020.

 

No obstante el ejemplo de superación de su progenitora fue su primera inspiración, pues de empleada doméstica pasó a estudiar criminalística.

Y añadió: “sin ella no sería lo que soy ahora. Mi mamá siempre me ha enseñado que todo en esta vida toca lucharlo, si uno quiere algo sino no lo lucha, no lo consigue. En esta vida todo es sacrificio, hay que darlo todo y no quedarse con nada”, puntualizó.

Con 1.80 de estatura y una admiración total por Usain Bolt, el joven que en alguna ocasión se ganó la vida con un bicitaxi y cargando material de construcción, hoy a sus 21 años es reconocido como uno de los atletas colombianos llamados a pelear una medalla en Tokio 2020.

Anthony contó que horas antes de la competencia en Doha habló con su entrenador Nelson Gutiérrez, quien le dijo paso a paso la estrategia que debía seguir para llevarse la medalla.

“Nos sentamos a hablar y me dijo: yo se que tú nunca has hecho esto, pero si lo haces, no vas a quedar sin piernas, tienes que salir detrás del keniata porque tu cierre es muy fuerte y nos podemos llevar hasta la de oro”.

El deportista relata cómo fueron los segundos antes del triunfo: “Comencé a pegarme corrí al quinto, al cuarto, al tercero hasta que quedé de segundo y grite ¡sí pude!”.

Cambios en su vida

Anthony Zambrano se define como un hombre tranquilo, aunque asegura que la paciencia no es una de sus virtudes. Sin embargo, por estos días ha tenido que recurrir a ella para responder con calma entrevistas.

No pierde oportunidad para ‘mamar gallo’ y explicar que sigue siendo la misma persona de antes, aunque sabe bien, por todo lo que pasa a su alrededor, que la vida le ha cambiado con la medalla de plata que conquistó.

Aunque recuerda bien sus inicios en el deporte, afirma con jocosidad, que su velocidad se la debe sobre todo a que cuando era niño tenía que salir corriendo lo más rápido posible cada vez que su mamá le quería “dar chancleta”, porque “era muy tremendo. Todos los días le daban quejas en el colegio”.

Colombia, con Anthony Zambrano, logró el cuarto lugar en la final de relevos 4x400 metros del Mundial de Atletismo Doha 2019.

 

Está convencido que luego de obtener la presea de plata habrá revancha, porque va por la dorada. “Hicimos historia. Entrar en la final ya era importante, pero queríamos más, sabíamos que podíamos pelearles a todos, a los gringos, a los jamaiquinos. Cometimos unos pequeños errores en los que vamos a trabajar para los Olímpicos de Tokio 2020.

Vamos a buscar dos chamacos más, para poder tener recambio, como hacen las otras selecciones. La verdad es que no tuvimos una gran preparación y ahí lo pagamos, pero hicimos dos veces récord nacional y estuvimos cerca de ganar la medalla, dejamos en alto el nombre del país, que era lo más importante”, expresó.

Anthony quiere ser un ejemplo para los niños y jóvenes que lo siguen, por lo que promete, seguir entrenando como si no hubiera pasado nada.“A veces uno se cansa de tanto entreno y disciplina, pero el que quiere triunfar tiene que sacrificarse. Yo sé que si me descuido pierdo todo, como me pasó después de los Olímpicos de 2016. Acepto mis errores, pero aprendo de ellos y por eso volví, porque cuando estuve en la mala entendí que el deporte abre muchas puertas, pero también exige sacrificios”.

Al preguntarle sobre su apariencia y si se haría más tatuajes precisó: “Ahora que llegue a mi tierra, voy a ver si me hago 2 tatuajitos más, 2 nuevos para la colección porque me gusta mucho el arte. Me voy a hacer el rostro de Jesucristo con el rostro de mi madre y también el rostro de mi niña, de mi perrita, la ‘monaca’, mi muñequita (mi mascota)”.

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