La dama que con elegancia impuso la moda moderna a sus paisanas.
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El pasado domingo fue una página escrita con lágrimas en el libro familiar de los Fernández Valverde, despedimos para siempre a nuestra querida amiga María Consuelo, la dama que le puso elegancia a la mujer villanuevera e impuso la moda moderna a sus paisanas a través de ‘María C boutique’.
Entre quienes acudieron a rendirle homenaje estuvieron los exalcaldes Luis Alberto Baquero Daza, Narciso Guerra Torres y Jorge Juan Orozco Sánchez, junto a cientos de villanueveros que quisieron expresar su solidaridad y su cariño. También acompañaron a Luis Carlos sus amigos, encabezados por Diego Baquero Altamar, Franco Arrieta, José Baleta, el ‘Gordo’ Dangond y José Dangond, entre muchos otros. Cada presencia llevaba un mensaje distinto, pero todas coincidían en una misma certeza: María Consuelo había dejado una huella profunda en su pueblo. Aquella concurrencia no era una simple formalidad funeraria; era la demostración de que una vida puede convertirse en patrimonio sentimental de toda una comunidad.
También estuvieron los delegados de Diario del Norte y de Cardenal Stéreo desde Riohacha, representados en esta despedida por Hugo Leones Carranza, Demis Consuelo Fernández Pacheco (su sobrina), Betty Martínez Fajardo, César Pacheco, Sixto A. Carrillo y Tomás Pérez Ramírez, Lida Arrieta Orozco y Luis Felipe Rodríguez. Su presencia tuvo el significado de un abrazo institucional y humano a una familia golpeada por el dolor. En los pueblos donde la gente se conoce, se acompaña y comparte sus acontecimientos, la comunicación también se convierte en memoria colectiva. Por eso, aquel domingo no solo se despidió a una mujer querida: se registró en el alma de Villanueva uno de esos acontecimientos que permanecen vivos mucho después de que se apagan las velas y se marchan los asistentes.
Una de las ausencias que más conmovió fue la de su hermano Ismael Fernández Gámez, quien no pudo estar presente por estar recluido en una UCI en Barranquilla por sus quebrantos de salud. Sin embargo, su corazón estuvo allí, junto a los demás familiares, a través del mensaje que hizo llegar a los suyos. En sus palabras de tristeza y dolor expresó todo el amor que sentía por María Consuelo. Hay distancias que el cuerpo no puede vencer, pero que el sentimiento atraviesa sin dificultad. Ismael no pudo acompañarla físicamente en su último recorrido, pero su amor encontró la manera de hacerse presente, porque los afectos verdaderos no necesitan ocupar una silla para llenar un espacio en el corazón.
Mientras avanzaban las horas, seguramente cada asistente repasaba en silencio algún episodio compartido con ella: una conversación, una sonrisa, un gesto de solidaridad, una palabra oportuna o uno de esos encuentros cotidianos que en su momento parecen insignificantes y que, después de la partida, adquieren el valor incalculable de un tesoro. Así funciona la nostalgia: transforma los momentos sencillos en recuerdos luminosos y nos enseña, a veces demasiado tarde, que la felicidad también estaba escondida en aquellas pequeñas cosas que compartíamos sin imaginar que algún día las extrañaríamos tanto.
María Consuelo Fernández Valverde se marchó a los 61 años, pero su historia no termina en la fecha de su despedida. La muerte cierra los ojos, pero no consigue clausurar el cariño; detiene los pasos, pero no borra las huellas; silencia la voz, pero no puede destruir las palabras que siguen resonando en la memoria de quienes la amaron. Su legado permanecerá en sus hijos, en su esposo, en sus nietos, en sus hermanos, en sus amigos, en las personas con quienes compartió sus proyectos y en los villanueveros que encontraron en ella una razón para sonreír. Hay personas que pasan por la vida y otras que dejan vida en quienes las rodean. María Consuelo perteneció a estas últimas. Sus entrañables amigas como Zaine Zuñiga, quien era como su hermana, Dignora Salem, Elvira Churio y Elaine León, quienes estaban tristes y acongojadas.
Hoy, cuando Villanueva intenta regresar a su cotidianidad, sus calles conservan una tristeza difícil de disimular. El viento de La Guajira seguirá recorriendo sus esquinas, el sol volverá a levantarse sobre sus casas y la plaza Simón Bolívar continuará siendo punto de encuentro de sus habitantes. Sin embargo, para quienes la quisieron, algo habrá cambiado para siempre. Habrá una silla que parezca demasiado vacía, una llamada que ya no llegará y una sonrisa que se buscará instintivamente entre la multitud. La nostalgia tiene esa manera silenciosa de recordarnos a quienes se han ido: aparece cuando menos la esperamos y nos devuelve, por unos segundos, la ilusión de que todavía están aquí.
María Consuelo, mi querida amiga, Villanueva te despidió con honores, con una iglesia colmada, con una plaza convertida en abrazo colectivo y con el sentimiento sincero de cientos de personas que no quisieron dejarte partir sin expresarte su gratitud. El pasado domingo 25 de octubre quedará marcado como una jornada de lágrimas, de recuerdos y de sentimientos encontrados, pero también como una demostración conmovedora del cariño que supiste cultivar durante tus 61 años de vida. Que Dios te reciba en su reino y conceda fortaleza a tu familia para transformar el dolor en esperanza. Te vas de la mirada de tus paisanos, pero no de su memoria. Porque cuando una mujer deja sembrada tanta alegría, ni siquiera la muerte consigue borrar la primavera que floreció a su alrededor.