El idilio de Quijana y los juglares

Opinión
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El manchego después de librar varias batallas aplicando la justicia y coronándose de gloria, pensó en la búsqueda de su princesa para continuar sus aventuras y sus enemigos se postraran a los pies de la dama de sus sueños.

No hallaba qué nombre escoger, comenzó con Aldonza, se cruzó con Dorothea y terminó con Dulcinea. Su itinerario lo inició en la Macha, los campos de Montiel, continuando por las tiendas de visiones alucinadas, transformadas en castillos y gigantes, que en los riesgos de la aventuras siempre se han encontrado desde los tiempos de la toma de la tierra prometida. El Toboso fue el epicentro final de un idilio sustentado por falsas misivas y la audacia de un aparente ingenuo pero habilidoso y vivaracho escudero, que le permitió a su amo mantener en la mente, la imagen de la sin igual y más hermosa de las doncellas; esperando la recompensa de su trajinar con una designación administrativa, para tener la oportunidad de gobernar sin saber las consecuencias de este oficio.

Dulcinea, las más hermosa de las doncellas, era la culpable de las visiones del caballero de la triste figura y cuantos como el también han visto florecer infértiles y estériles sabanas plegadas de jazmines y begonias y hasta las ven sonreír al paso de la mujer de sus sueños. Quijana fue un romántico y aventurero juglar que inspiró a otros con similares idilios, como el de la princesa llamada Sielva María, que la define como una princesa de pelo largo, fileña, de cejas casi encontradas, nariz delgada, boca chiquita, mirada alegre y muy elegante. El marco espacial de este idilio se localiza en Yarumal, Montería, Convención y Puerto Valdivia, a donde su príncipe azul se mantenía en viceversa y en permanente correduría. Las aventuras de otro juglar caballero tienen que ver con una dama a quien describe solamente como una mujer que tiene cara de ser buena y su trasegar después de salir de su tierra en busca de aventuras, transcurre entre Cartagena, Montería, Tierra Alta y el Caramelo, donde sale a aventurar. Desplazándose con la velocidad de la luz para evadir las intenciones de su pretendiente, que seguía esperándola ansioso en Ciénaga de Oro, donde esta aventurera dice, tiene quien la quiera.

De aventureros y quijotes todos tenemos un poco, en busca de una Dulcinea, que es una causa común; escuderos fieles, afortunados y mal librados siempre se han encontrado, como el que con el vigor de su mostacho, hizo mantener a su amo en el poder, después de ocho mil desafortunadas aventuras, con la esperanza fallida de una oportunidad para gobernar. Así como estos juglares, todo su colectivo le ha rendido culto a una Dulcinea, no faltando en estos idilios los despechos, donde se combinan el sentimiento y el drama humano con el costumbrismo lugareño.

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