Las encuestas electorales poseen una larga trayectoria que implica la idea de que debe ser un instrumento de investigación válido y confiable. Sin embargo, pesa sobre ella su falta de capacidad predictiva y la influencia que ejerce sobre su mismo objeto de investigación. Las encuestas no presentan un gran potencial predictivo, convirtiéndose en un mero entretenimiento y en ocasiones financiadas por políticos interesados en mejorar su imagen con la connivencia de los consultores.

Comienza una nueva semana y quiero compartir con los amables lectores esta reflexión que escribí, apartándome un poco de la temática que suelo tratar en esta columna.

Un día me desperté con una petición especial para los candidatos de todos los escenarios políticos de mi tierra. Es cierto que el norte de Colombia es carente de muchas cosas. Dentro de esas muchas carencias considero que la más importante es la de afecto.

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