Editor Diario del Norte

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Luego de recuperar su libertad por vencimiento de términos, reasume sus funciones como alcalde de Riohacha, Fabio Velásquez Rivadeneira, elegido popularmente para el periodo 2016–2019.
Llega cargado de fe y renovado en la palabra del Todopoderoso para seguir administrando los destinos del Distrito, después de la dura prueba que le tocó vivir en la Cárcel La Picota de Bogotá, durante un año y dos meses.
Si bien es fundamental aferrarse a un Ser Supremo, le corresponde al mandatario reasumir sus funciones con nuevos criterios para administrar, en donde se dé paso a actuar diligentemente, y se convierta en ejemplo por el manejo pulcro de los recursos públicos.
Las oportunidades son únicas en la vida, y se deben aprovechar de la mejor manera posible, más en un Distrito donde varios procesos se encuentran atrasados, generados inicialmente por la situación legal vivida por el alcalde, razón por la cual debe retornar a las actividades con ese deseo que ha expresado de trabajar para avanzar en lo que ya está en ejecución.
La dura prueba del alcalde le debe permitir administrar con tranquilidad, con honestidad, apegado a los fundamentos de ley y generando causa común con los señores concejales, para seguir superando la crisis social y económica que se vive en el Distrito.
Hay mucho por trabajar, por eso señor alcalde, debe demostrar con el ejemplo que realmente Riohacha cuenta con un funcionario renovado, con deseos de seguir sirviendo a su tierra desde lo público, para que todas esas iniciativas que trabajó en su primer año de gobierno y que ya están en proceso de ejecución, se muestren como unas obras construidas en lo que reza en los contratos, y donde quede claro el servicio que la gente está esperando.
No es hora de revanchas y enfrentamientos, es hora de entender que la unidad es lo que ayudará a vencer las adversidades, y eso lo dejó saber el alcalde Fabio Velásquez Rivadeneira, la noche del domingo en la iglesia donde se congregó para entregar su testimonio, y donde su madre le reiteró todo su amor con la seguridad que llegó para administrar apegado a la ley.
A los aduladores de turno flaco favor le hacen al alcalde, porque lo indispensable es rodearlo para trabajar por la comunidad y no para satisfacer apetitos particulares.
Los ciudadanos del Distrito que eligieron a Fabio Velásquez Rivadeneira, como su alcalde por elección popular, confían en su talante como persona, pero también que demostrará en el camino que está ejerciendo autoridad y trabajando de manera eficiente para sacar adelante todos esos proyectos que enrumben a la capital de La Guajira a la prosperidad.

Los carnavales de Riohacha, son de esas tradiciones que se siguen conservando y que muestran parte de la cultura de la capital de La Guajira, en medio de serias dificultades económicas, de organización y de inseguridad.
Los carnavales de este año mostraron una gran debilidad económica, que no se sintió por la alegría desbordante que mostró su reina central, acompañada de la infantil, quienes lograron cumplir con todas las actividades definidas en la programación.
Al asumir la nueva alcaldesa en calidad de encargada, Isseth Tatiana Barros Brito, encontró una alta deuda económica con varias organizaciones que trabajan alrededor del carnaval, que aún no ha sido saldada en su totalidad, y que pone en aprietos las actividades del 2018.
Algunos conocedores de la materia plantean que se suspendan los carnavales para el próximo año, para que el Distrito busque la mejor salida a la crisis que se vive actualmente y que se traduce en falta de recursos económicos, organizaciones que no se ponen de acuerdo para trabajar unidas, la falta de apoyo de la empresa privada, las comparsas que cada año son menos, los grupos folclóricos que no se muestran, la actitud amenazante de un grupo de desadaptados que atentan contra los desfiles, la poca llegada a los barrios populares, amén de otras dificultades que ponen en riesgo la fiesta del dios momo.
Es hora de hacer un alto en el camino, y dejar a un lado las altas pasiones de quienes con justa razón trabajan para que los carnavales se sigan desarrollando, a quienes no se les debe olvidar que es una fiesta que deben disfrutar todos los habitantes de la ciudad, y que urgentemente necesita una reingeniería para poder mostrar un espectáculo diferente digno de una capital como Riohacha.
La administración Distrital no puede hacerse el indiferente frente a lo que está pasando con esta actividad cultural de la ciudad, es grave por donde se le mire, y por tanto necesita de soluciones de fondo sin desconocer el trabajo de todas esas organizaciones que la mantienen empeñando lo que no tienen para financiar las actividades, eso no puede seguir sucediendo, porque son malas prácticas que ponen en riesgo la tradición.
La alcaldesa encargada tiene la palabra, porque tiene pleno conocimiento de lo que sucede alrededor de los carnavales, por tanto la decisión que tome debe ser respetada porque para ello ejerce autoridad, no es sano hacer lo de siempre ordenar la fiesta sin que se entreguen los recursos necesarios a tiempo a las diferentes organizaciones, porque de lo contrario es repetir la historia, prestar plata al interés para pagar después, no es bueno seguir con esas malas prácticas, es indispensable poner orden a esta actividad cultural que se sigue manteniendo en el tiempo.

Haciendo un parangón entre la historicidad de la matanza de los inocentes protagonizada por el Rey Herodes ‘El Grande’, narrada en el evangelio de Mateo y los corruptores de menores que llegan a las puertas de los colegios a envenenar a los inocentes, obligándolos a consumir narcóticos para convertirlos en drogadictos y luego en expendedores, pareciera que estuviéramos en las postrimerías de la hecatombe de una sociedad que cada día que pasa se corrompe más y busca su propia destrucción.
No nos podemos refugiar en que esto es cíclico, o que la historia se repite en manifestaciones modernas, pero si podemos decir que quienes integramos y queremos a una sociedad libre de contaminación y autodestrucción, debemos rechazar a los corruptores de menores y jóvenes, así como el apaciguamiento de las autoridades en torno a un tema que no le están prestando atención y se refiere a los comercializadores de narcóticos que se están tomando las puertas de los colegios y sitios de diversión de los jóvenes para inducirlos en la adición del consumo de galletas y dulces, hechos a base de narcóticos.
Teníamos la equivocada creencia que lo último a lo que acudirían los comercializadores de drogas era al candor de la ingenuidad de un niño en edad de crecimiento o de un joven, ya que la drogadicción era un tema de adultos o de quienes habían pasado la barrera de los 18 años, pero no. Los delincuentes quieren llevar a nuestros niños y jóvenes a la euforia forzada con alteraciones perceptivas, colocando a nuestros menores en los potenciales consumidores de sustancias citotóxicas que envenenan a nuestra sociedad.
Nuestros niños y jóvenes están en alto riesgo ante el inminente peligro que existe en las puertas de los colegios y sitios de distracción, sin distingo de clase social, antes por el contrario, entre más ‘clasudo’ sea la víctima, el riesgo es mayoritario por la facilidad de un menor en llevar cualquier clase de dinero que los padres entregan ante la falta de afecto o amparado en la crianza moderna disipada del manual de Carreño, la misma que le enseñaban en los colegios y ponían en práctica en la casa con lecciones y consejos de cómo deberían comportarse las personas en lugares públicos y privados tales como el hogar, la familia, la escuela y el trabajo.
Señores, hay droga en cada esquina de las ciudades, en la puerta de los colegios y lugares en donde un padre de familia no se alcanza a imaginar. Mientras los padres de familias nos entretenemos en circunstancias ajenas al criado de nuestros hijos, la tecnología nos sumerge en la adicción del modernismo, los delincuentes buscan el asecho de nuestros hijos, nietos y familiares menores de edad y jóvenes para convertirlos a toda costa en grandes consumidores de alucinógenos.